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El Restaurante · Bogotá

La Mesa del Recuerdo

Aquí no empieza el menú: empieza el olor. La cocina abierta, la barra encendida, la marimba de fondo y el color entero del Pacífico colombiano metido en una casa de la Calle 77.

Abrimos todos los días

Cocina afro-pacífica Pescado y marisco del litoral Gourmand Awards 2025 · Best in the World

El Ambiente

Entrar acá es cruzar el Pacífico sin salir de Bogotá

El Pacífico colombiano no es un lugar sobrio. Es verde manglar, azul de canoa, rojo de umbral, amarillo de chontaduro. Ese es el criterio de color de esta casa: no decorar, sino traducir.

Rey Guerrero apoyado en la barra de baldosas de colores del restaurante, con el mural del Pacífico y la cocina abierta al fondo
El salón
Canoas de colores y racimos de plátano bajo la lluvia en un puerto del Pacífico colombiano
El puerto
Langostinos del Pacífico servidos en el restaurante
La mesa
Hierbas de azotea del Pacífico colombiano, base aromática de la cocina de la casa
Las hierbas
Paisaje del litoral Pacífico colombiano: río, selva y mar
El litoral
Ceviches del Pacífico colombiano preparados en el restaurante Rey Guerrero
Los ceviches

Las baldosas de la barra

Mosaico de flores y olas en rojo, azul y ocre: el mismo dibujo de las casas de puerto de Buenaventura y Tumaco. Es lo primero que toca la mano cuando alguien se sienta.

El mural del fondo

Rostros, tambores y peces pintados a mano en la pared que da a la cocina. No es un cuadro: es el telón de fondo de todo lo que pasa en el salón.

Las máscaras y los cucharones

Talladas en madera, colgadas como se cuelgan en las casas del Chocó. Cada objeto del salón viene del litoral o fue hecho por manos del litoral.

La madera cruda

Mesas y taburetes sin barnizar, como los bancos de las cocinas comunitarias. Sirven para comer con las manos, apoyar los codos y quedarse tres horas.

La luz cálida

Bombillos colgados en hilera sobre el salón. Nunca hay penumbra de restaurante de noche: acá la luz es de tarde en el río, y la comida se ve como es.

Las botellas a la vista

Los viches no se esconden bajo la barra. Están a la altura de los ojos, con el nombre de su productora, porque cada botella tiene apellido y territorio.

El fogón Fogón tradicional del Pacífico colombiano encendido, con la olla al fuego y las hierbas colgadas
La Cocina

El olor es el primer plato

No hay puerta batiente ni pared que tape el fogón. La cocina está abierta al salón a propósito: el sofrito de cebolla larga y poleo, la leche de coco rompiendo hervor, el pescado entrando a la plancha. Todo eso llega a la mesa antes que el mesero.

Comer acá empieza con el olfato, sigue con el ruido del cucharón contra la olla y termina en el plato. Es la misma secuencia de una cocina de casa en el Pacífico, solo que puesta a la vista de todos.

Se huele Poleo, cilantro cimarrón, chillangua, coco tostado y humo de plancha.
Se oye El aceite, el machete sobre el plátano verde, las órdenes cantadas.
Se ve El pescado entero saliendo entero. Nada se arma fuera de cuadro.
Las bebidas Jugo del Pacífico en vaso alto junto a un cangrejo azul sobre una tabla de madera oscura
La Barra

Una barra para beberse el Pacífico

Borojó, naidí, chontaduro, guayaba agria, tamarindo, lulo. Frutas que en Bogotá casi nadie sabe pronunciar y que acá se exprimen delante suyo. La barra de baldosas de colores es el otro fogón de la casa: el que trabaja en frío.

Sentarse en la barra es una experiencia distinta a sentarse en la mesa. Desde ahí se ve entrar la comida, se conversa con quien prepara y se prueba antes de pedir.

La insignia

Lulada Envichada

Lulo machacado a mano, hielo, panela y un golpe de viche. El trago que explica de un sorbo por qué el Pacífico no necesita coctelería importada.

Con viche+18
Frutas del litoral

Jugos que no se consiguen

Borojó, naidí, guanábana, guayaba agria, tamarindo, mora, maracuyá. En agua o en leche. Cada uno es una fruta que viajó desde el litoral hasta esta barra.

BorojóNaidíGuayaba agria
Frescura

Limonadas de la casa

De coco, de mango viche, de tamarindo, de panela y jengibre, y la San Joaquín de flor de jamaica. Hechas al momento, sin sobres ni concentrados.

CocoMango vicheFlor de Jamaica
Para rematar

Aromática de cacao y café colado

El cierre lento de la sobremesa. Cacao del Pacífico en infusión y café colado en media, como en las casas del río.

Sin alcoholSobremesa
Bebida ancestral · Solo mayores de 18

La cata de viche curao

El viche no es un aguardiente. Es una destilación de caña que las comunidades afropacíficas defendieron durante siglos de la prohibición, y que hoy es patrimonio de Colombia. En esta casa se sirve con su historia adelante.

Cata de viches $54.000 Recorrido guiado en la mesa · por persona

Puro

El destilado desnudo. El punto de partida de todo lo demás.

Curao

Curado con hierbas, raíces y cortezas del monte. Cada casa guarda su fórmula.

Arrechón

Leche, huevo, borojó y especias. Dulce, espeso y con fama bien ganada.

Tomaseca

Preparado de raíces amargas. El remedio que se volvió trago de sobremesa.

Vinete & Dorado

De la savia de la palma de naidí y del reposo en madera. Los dos extremos del espectro.

Cada botella lleva el nombre de quien la destiló:

Mano de Buey Canao Positivo Fragua Malí
Rey Guerrero y Claudia Peláez abrazados en el salón del restaurante
Fotografía: Mateo Chávez
Los Anfitriones

Rey y Clau, en carne y hueso

Este no es un restaurante con chef ausente. Rey está en el fogón y Clau está en el salón, casi todos los días. Ellos dos fundaron la casa: primero un catering que funcionó desde el primer servicio y que, evento tras evento, terminó convirtiéndose en esto.

A Claudia en la casa le dicen Doña Bella, y no es un apodo suelto: el Arroz Doña Bella de la carta lleva su nombre, en honor a las mujeres que sostienen la cocina del Pacífico con cuidado y con paciencia. Si lo pedís en la mesa, probablemente ella misma venga a contarte la historia.

Rey Guerrero Chef · investigador · autor
Claudia Peláez Cofundadora · "Doña Bella"
"No soy un chef de restaurante. Soy un investigador que cocina para que la memoria no se pierda." — Rey Guerrero
El Sonido

Acá se habla duro y se ríe más

Un almuerzo del Pacífico no es una experiencia silenciosa. La marimba de chonta, el cununo, la conversación de la mesa de al lado y la carcajada que se contagia son parte del plato. Si buscás un lugar callado, este no es.

Música en vivo

Marimba de chonta, cununo, guasá y voz. La programación cambia según la temporada y las fechas especiales: preguntá por la agenda del día cuando reserves.

La banda sonora

Currulao, bunde, abozao, chirimía chocoana y la salsa que se cuela después de las 3. La lista la arma la casa, no un algoritmo.

Conversaciones sabrosas

Las mesas quedan cerca a propósito. Acá la gente termina hablando con la mesa vecina y estirando la sobremesa hasta que cierra la cocina.

Celebraciones

Cumpleaños, cierres de año, cenas de empresa y encuentros diplomáticos. Se puede tomar el salón entero: se coordina por la línea de eventos.

Antes de venir

Preguntas frecuentes

Para dos o tres personas podés llegar sin avisar. De cuatro en adelante, y sobre todo si querés una mesa a una hora puntual, escribinos antes: coordinamos el salón con lo que ya está reservado ese día. Basta un mensaje con tu nombre, la fecha y cuántos son.

Sí, y tienen carta propia: el menú infantil — croquetas de pechuga apanadas con papa en cascos y salsa de tomate. En el Pacífico la mesa es de toda la familia, y este salón está armado igual.

Hay cocina de tierra adentro y también es del Pacífico: carnes al fogón, sancochos — el de gallina es el que más sale — y arroces que no llevan mar. La cocina afropacífica no es solo litoral: es también río, monte y patio.

Sí: hay una sección Pa' Llevar con empanaditas de camarón y aborrajados de pescado congelados, listos para calentar. Y los ajíes y pestos de la casa — el de pipilongo, el de hierbas de azotea — que se envasan justamente para eso.

Te esperamos

La mesa está puesta.
Faltás vos.

Vení con hambre y con tiempo. Acá nadie come de afán: el almuerzo dura lo que dure la conversación.